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Profesores de Música UC presentan “Una vaca mirando el piano”, la primera ópera sustentable en Chile

20 de octubre de 2025


Basada en la obra homónima de Alejandro Sieveking, esta producción interdisciplinaria une al Instituto de Música, la Escuela de Construcción Civil y la Escuela de Ingeniería UC en torno a la economía circular, la experimentación sonora y la creación colaborativa.

Tras una década, la ópera regresó a la Pontificia Universidad Católica de Chile con un hito inédito: Una vaca mirando el piano, presentada en el Auditorio Andrónico Luksic y compuesta por el académico y director de Investigación y Postgrado, Miguel Farías, a partir del texto homónimo del dramaturgo Alejandro Sieveking, Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales 2017. 

La contemporaneidad de la obra, pese a su creación a fines de los ‘60, junto a su “reflexión muy lúcida sobre el vínculo entre arte, naturaleza y progreso”, son los elementos que el académico rescata. 

“Propone una conciencia sobre el entorno que es poética y ética: la de quien observa el mundo con asombro y sospecha”, rescata Miguel Farías, compositor y codirector escénico de la ópera.

El proyecto fue desarrollado a la par por la docente del Instituto de Música (IMUC), Doris Silva, Felipe Ossio, de la Escuela de Construcción Civil y Rodrigo Cádiz, de la Escuela de Ingeniería.

Este trabajo interdisciplinario permitió nutrir la obra en diversos aspectos. En el caso de Cádiz, el también docente IMUC desarrolló un sistema para transformar desechos de construcción en instrumentos musicales. Experimentación sonora que “no solo amplió la noción de instrumento, sino que también integró a la investigación tecnológica con la práctica artística, dando como resultado una nueva sensibilidad hacia como generar sonido ‘lírica’", agrega Farías. 

Acerca del sonido 

¿Cómo suena una ópera de este estilo? Para Miguel Farías, integrar los principios de la economía circular en cada etapa del proceso creativo y productivo, son una de las primeras aproximaciones a la respuesta.

“La circularidad de la música, del gesto y de la escena busca evocar ese movimiento de retorno que está en el corazón del texto: una reflexión sobre los ciclos de la vida, de la materia y de la memoria”, agrega. 

Para el compositor, son “motivos, gestos y materiales que se repiten, deforman y regresan” lo que van generando una atmósfera de flujo continuo. A ello se suma la vocalidad concebida desde lo coral: “muchas veces los cantantes funcionan como una sola voz. De esa interacción surge una textura vocal viva, colectiva, que se mueve entre lo humano y lo material, tal como el libreto de Sieveking”. 

Un solo equipo

Con el patrocinio de la Dirección de Arte y Cultura, Una vaca mirando el piano está escrita para seis instrumentistas y ocho cantantes, formato que permite un montaje ágil y adaptable a distintos espacios, facilitando su circulación dentro y fuera de Chile. 

El proyecto, además, combina la participación de músicos profesionales y estudiantes, generando un espacio formativo que promueve la experimentación y el trabajo interdisciplinario. 

Es en el cruce entre el mundo escénico y música donde se propone ampliar la proyección a nuevos circuitos. Una búsqueda que, dice el compositor, no radica en la visibilidad, sino en la cnstrucción de puentes entre la ópera, la música y el mundo del teatro chileno. 

“Si algo anhelo es que esta ópera se pueda caracterizar por su resistencia a la clasificación. Más que una obra sustentable, es una obra que piensa en ciclos, en retornos y en la posibilidad de seguir escuchando después del silencio”, concluye Miguel Farías. 

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